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13/10/2024

Mi pesadilla con el virus del Nilo Occidental

Fuente: telam

Un mosquito en mi patio trasero me enfermó como nunca antes

>Después de pasar más de 50 años persiguiendo y combatiendo virus, uno contraatacó y estuvo a punto de acabar conmigo. Hablo del virus del Nilo Occidental, transmitido por el animal más mortífero del planeta: el mosquito.

Pero no fue así. Al contrario, empecé a experimentar una fatiga y un agotamiento graves e inexplicables, que culminaron con mi ingreso en un hospital el 16 de agosto, delirante e incoherente, con una temperatura de 39 grados. Recuerdo muy poco de los cinco días y medio que pasé en el hospital, salvo que nunca me había sentido tan mal en mi vida. Mis médicos supusieron que tenía septicemia y me trataron con antibióticos. Al cabo de varios días, me bajó la fiebre y me dieron el alta con antibióticos sin un diagnóstico claro. Eso cambió al día siguiente, cuando los análisis de sangre revelaron que tenía el virus del Nilo Occidental.

Por fortuna, al cabo de unas semanas empezó una lenta mejoría. Pude caminar con un andador y luego sin ayuda. Ahora puedo andar unos cuantos kilómetros al día solo con una fatiga mínima, y mis problemas cognitivos se han resuelto por completo. Voy camino de una recuperación total, pero ha sido una experiencia angustiosa.

El virus del Nilo Occidental pertenece a la familia de los flavivirus, que también incluye los virus de la fiebre amarilla y el dengue. Se detectó por primera vez en Estados Unidos en la zona de Nueva York en 1999, probablemente llegado desde Medio Oriente o partes de África, donde es frecuente. Los mosquitos adquieren el virus de aves infectadas y lo transmiten a los humanos por picadura. La infección por el virus del Nilo Occidental es, por mucho, la enfermedad transmitida por mosquitos más común en Estados Unidos: desde 1999 se han notificado unos 60.000 casos. El número real de infecciones es seguramente mayor, sin duda de millones, ya que muchos casos no se notifican porque las infecciones suelen ser asintomáticas o se confunden con otras enfermedades comunes como la gripe. Entre los casos notificados en Estados Unidos, más de 30.000 han presentado síntomas neurológicos como los míos, lo que ha provocado unas 23.000 hospitalizaciones y cerca de 3000 muertes.

A medida que el cambio climático facilita la proliferación de mosquitos en muchos lugares, la enfermedad del virus del Nilo Occidental y otras enfermedades transmitidas por mosquitos se perfilan como mayores amenazas en este país y en otros. Sin embargo, los esfuerzos por desarrollar una vacuna o un tratamiento para esta enfermedad son modestos en comparación con los que se realizan para otras enfermedades de importancia para la salud pública.

Comprendo los retos a los que se enfrenta la investigación, ya que he sido director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Institutos Nacionales de Salud desde 1984 hasta 2022. Cuando se identificó por primera vez el virus del Nilo Occidental en Estados Unidos, iniciamos los esfuerzos para desarrollar una vacuna. Sin embargo, nunca pudimos llevar los ensayos de la vacuna más allá de las primeras pruebas, en parte porque el número de casos variaba mucho de un año a otro. Por ejemplo, en 2011 se notificaron unos 700 casos y en 2012, más de 5600. Tales fluctuaciones hacen casi imposible tener un número de casos lo suficientemente consistente como para demostrar que una vacuna era eficaz para prevenir la infección. La misma frustración se aplica al desarrollo de medicamentos antivirales. Debido a que el número de pacientes es tan inconsistente, las empresas farmacéuticas carecen de incentivos financieros para hacer grandes inversiones en el desarrollo de fármacos y vacunas para el Nilo Occidental.

Lo mismo puede decirse del desarrollo de medicamentos antivirales. No existe ningún obstáculo científico insalvable para desarrollar fármacos antivirales seguros y eficaces contra la infección por el virus del Nilo Occidental. La industria farmacéutica, en colaboración con los Institutos Nacionales de la Salud y otros socios, ha tenido un éxito notable en el desarrollo de fármacos eficaces para otras infecciones víricas emergentes. Entre los ejemplos se incluyen fármacos que salvan vidas para la infección por el VIH, terapias para la infección por hepatitis C y fármacos útiles para la COVID-19 y la gripe. Con asociaciones internacionales de investigación y la voluntad política espoleada por una comunidad de activistas comprometida, como hemos visto con el VIH y ahora con la covid persistente, los tratamientos contra el virus del Nilo Occidental y las herramientas de prevención deberían estar a nuestro alcance.

Anthony Fauci es profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Georgetown y de la Escuela McCourt de Políticas Públicas de dicha universidad.

© The New York Times 2024.

Fuente: telam

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