INTERNACIONAL
05/11/2026
¿Qué causó esta debacle?
Fuente: Netfan Servicios
Más que una derrota, fue un desastre
La inmensa mayoría de las encuestas pronosticaban triunfo demócrata, pero no vi ninguna que acertara con un desastre, hasta humillante en algunos lugares, ya que tanto Trump como Vance se comprometieron personalmente a través de muchos actos de campaña.
La derrota no fue sorpresa, pero la magnitud sí lo fue. Algo muy fuerte ocurrió, ya que lo de Texas no pasaba hace décadas. Muchas elecciones se han ganado por pocos votos en lugares identificables, pero ahora ocurrieron simultáneamente a través del país, y por mucha diferencia. Donald Trump ha dominado la escena política estadounidense durante 11 años, y desde que llegó a la Casa Blanca, también lo internacional. ¿Será el fin de esta etapa? No lo sabemos, ya que mucho no depende de él, sino de algo que nadie sabe cómo responder: ¿qué harán los demócratas con su victoria? o mejor formulado ¿quién manda en ese partido? ¿Quién es su líder o lideresa?
Sin duda que hay cansancio con su persona, aunque el nombre de Donald Trump no figuró en las boletas, que por lo demás son gigantescas, ya que no solo incluyen postulantes a la gobernación, al senado o a la Cámara de Representantes, sino también candidatos a jueces, fiscales y muchos plebiscitos a nivel local y estadual. Y si algo es de responsabilidad de su persona son la cantidad de promesas no cumplidas, como la rebaja de precios o que Irán sería relativamente fácil y sin consecuencias negativas para la vida cotidiana de las personas.
¿Fue entonces la guerra? Indudablemente que sí, pero como en general ha habido pocas víctimas estadounidenses y una gran destrucción de la infraestructura iraní, ¿es que todo se redujo al precio de la gasolina/diésel? ¿Por qué entonces la campaña republicana no fue capaz de explicar, que, a pesar de ello, en general los indicadores económicos eran buenos, sobre todo empleo, salarios e inversión, además de un boom en inteligencia artificial? Y si eso era así, quizás lo que ocurrió estuvo relacionado con una palabra que Mamdani popularizó con su triunfo en Nueva York y que la recogió Abdul El-Sayed, el primer musulmán en llegar al Senado en representación de Michigan, con un claro mensaje donde el problema no era la religión sino postulados islamistas cercanos a la Yihad. Esa palabra que se incorporó cual resumen a la campaña demócrata fue "affordability" es decir, asequibilidad, que, con su trabajo en jornada completa, y a diferencia de sus padres, a muchos no les alcanzaba para una hipoteca o un arriendo. Al igual que el alcalde de Nueva York, eso resonó mucho más fuerte que un abierto antisemitismo, a pesar de que ambos recibieron votos judíos.
¿Es el fin del fenómeno que ha representado Trump? No todavía, pero sin duda una forma de conducir a la Casa Blanca, como si fuera un permanente reality televisivo y cambiando de opinión a veces en el curso de un mismo día, indudablemente cansó a muchos de quienes acudieron a votar, nada más que por hacerlo en su contra, y ahora, quizás por primera vez no fue un fenómeno creado por medios de comunicación en su contra en forma mayoritaria, ya que en elecciones anteriores esta situación no influyó mayormente las veces que el triunfo fue de Trump.
Si eso fuera así, a partir de ahora ¿escuchará a alguien Trump? ¿A quién? La mayoría de las encuestas dieron la imagen que esta elección se decidía en pocos lugares y que serían pocos los votos que marcarían la diferencia entre victoria y derrota, pero no ocurrió así, ya que el triunfo demócrata incluso superó al de Trump hace dos años.
La derrota de los republicanos y sobre todo la magnitud y los lugares emblemáticos donde ello tuvo lugar, demuestra la verdad de un verdadero axioma de la ciencia política, que no necesita demostración porque se aparece una y otra vez en elecciones, en el sentido que aquel sector o candidatura que impone sus temas de campaña de tal forma que se introduce en las conversaciones familiares y de amigos, logra así ganar la elección al transformarse en votos. En otras palabras, los demócratas hicieron exactamente lo mismo que hizo Trump las dos elecciones que ganó.
Para los republicanos su derrota no fue un problema de dinero, sino que al igual que Kamala Harris contra Trump, fue un problema de diseño, ya que, en ambos casos, los derrotados perdieron el partido antes de entrar a la cancha. Por ejemplo, los republicanos fracasaron totalmente en su campaña contra los candidatos más extremos, hombres y mujeres de los demócratas, donde buscaron transformar a candidatos locales en tema nacional, cosa que hicieron con una campaña antisocialista o anticomunista tradicional. Sin embargo, nunca ni siquiera tocaron los temas de fondo que estuvieron detrás de postulados que no eran habituales en EE. UU. pero que aludían a problemas reales, y después de ganar las primarias partidistas, convencieron a esa mayoría con las promesas habituales de soluciones instantáneas a temas complejos, sin nunca identificar como lo harían y de donde saldrían los recursos.
Se decía que esos postulados eran buenos para una primaria, pero no para ganar una elección general en la que había que correrse al centro. No fue así, sino que doblaron la apuesta. Es decir, algo que ha pasado en muchas partes del mundo, y que en lugares como Latinoamérica los votantes vienen de regreso y han preferido otras opciones electorales, sin embargo, en EE. UU. no solo triunfaron en algunos lugares, sino que obtuvieron un certificado de respetabilidad al superar la barrera electoral en este copamiento que ha sufrido el partido Demócrata de otro partido, mucho más a su izquierda, como lo son quienes antes eran más bien marginales, los demócratas socialistas, hoy, triunfantes y arrinconando a la antigua élite partidaria, más bien centrista y liberal, la que en elecciones representaron Kennedy y Clinton.
Sin duda la historia se hizo presente, en el sentido que estos comicios siempre han sido un plebiscito sobre la gestión del presidente que en ese momento estaba en la Casa Blanca, por lo que generalmente ha ganado el partido que está en la oposición, de tal modo cierto, que eso ha sido siempre así, salvo en solo tres ocasiones, una de ellas fue con Clinton, aunque al haber estado dos periodos, en la otra elección de medio término perdió 64 asientos en las dos Cámaras del Congreso en 1994. Fue derrota también para Obama, quien perdió 63 representantes el 2010 mientras que el propio Trump perdió 41 el 2018.
La repercusión internacional fue inmediata con la derrota de Trump, llamando la atención la cantidad de demostraciones de alegría en aquellos que odian a EE. UU. como Hamas, Hezbolá, castristas y la Guardia Revolucionaria de la República Islámica de Irán.
Quizás ahora parte la elección presidencial siguiente, y el panorama que se ofrece anuncia malos tiempos para la comunidad judía que no parece preparada para lo que viene, ya que sin duda es expresión de un cambio evidente en la actitud de la gente joven hacia Israel, a pesar de todo, quizás el aliado más fiel que podría tener hoy EE. UU. considerando el nivel actual de las relaciones con Canadá o Europa. La comunidad judía y su dirigencia nacional parecen particularmente mal preparados para lo que podría representar la campaña presidencial en dos años, con quien quiera sea el candidato o la candidata demócrata, probablemente alguien muy crítico de Israel y el que hoy parece ser el candidato republicano JD Vance, explicando la derrota por la guerra y por Israel, además de ser quien representa a esa posición que EE. UU. no debe involucrarse en ningún conflicto fuera de sus fronteras.
Pero la pregunta sigue siendo ¿cómo evitará Trump ser un pato cojo? Él lo ha adelantado, usará el veto presidencial, con lo cual apostará a que solo necesita un tercio del Congreso, ya que en ambas Cámaras se necesitan dos tercios para superarlo. Pero ¿será suficiente?, sobre todo, que por mucho que quiera defenderse, sus energías podrían tener que abordar de nuevo, acusaciones -tal como ocurriera con él y con Biden- contra su familia de corrupción y enriquecimiento ilegal, además de una nueva ronda de acusaciones constitucionales.
Si Trump recurre al veto lo haría imitando al mismo que lo hizo con las executive orders, es decir, lo que se hace en esas ceremonias ante las cámaras, donde aparece firmando lo que en otras partes es un Decreto. A la persona que imita es a Obama, quien discurrió ese mecanismo después que una elección de medio término lo dejó en minoría. En esa oportunidad al igual que cuando Trump quedó en minoría el 2018, pasaron años antes que el conflicto desatado quedara resuelto a favor o en contra por la Corte Suprema, y mientras tanto tiene efecto la orden ejecutiva presidencial. También ha pasado con órdenes ejecutivas firmadas por Biden, incluso sus perdones anticipados a colaboradores que han tenido que ser aceptados por Trump, al no haber sido resueltos todavía por los tribunales y las apelaciones, las demandas de anulación.
Por ello, en forma frecuente Trump vetará todo lo que no le guste. De hecho, estando en las antípodas en visiones, no solo en estilo, sino también en política interna e internacional, Trump también se ha parecido en otra cosa, que es abordar la inmigración ilegal, ya que Obama lo hizo con tanta frecuencia que sigue superando a Trump en deportaciones, aunque sin la misma repercusión mediática.
Trump también enfrenta el problema de cómo mantener el apoyo y la disciplina en un partido como el republicano, que al igual que el demócrata es un movimiento más que un partido, en el sentido que se entiende en Europa o Latinoamérica. Es un movimiento, en este caso conservador a diferencia del demócrata, que lo es del progresismo, por lo que a su interior hay distintas posiciones. De hecho, Trump inició su carrera siendo uno más entre muchos presidenciables republicanos, solo que él llegaba desde afuera. Ganó esa primaria y el 2016 se convirtió en presidente, desde cuyo sitial terminó dominando al partido, después, eso sí, de ganar muchos rounds y primarias donde sus partidarios de MAGA se impusieron a las otras facciones del partido.
Es el proceso que hoy está viviendo el partido Demócrata, quien será su líder y que sector se impondrá a sus rivales, con el agregado que el viento a favor lo tiene hoy un grupo venido desde afuera siguiendo al Senador Sanders, que hace política al interior del partido Demócrata sin haber nunca militado allí. Ese grupo son los del partido Demócrata Socialista, claramente a la izquierda de lo que en las últimas décadas ha representado un partido que solo había sido una mezcla entre liberal y socialdemócrata.
Por lo tanto, una duda razonable es cuál será el partido demócrata que pase a controlar ambas Cámaras del Congreso. Será aquel que piensa en ordenarse para llegar a la Casa Blanca el 2028 o será el que inmediatamente después que se juramente la nueva mayoría los primeros días de enero, hará estallar la bomba del impeachment, el juicio político. En este escenario posible ¿habrá espacio para trabajar acuerdos o la polarización en vez de disminuir, aumentará? ¿Habrá ajuste de cuentas y persecución para Trump? ¿Para Trump, su familia y empresas?
Ahora, si hacen lo mismo que la vez anterior puede ser un error, ya que van a transformarlo en víctima, y esta misma elección, aunque terminó en derrota, confirmó que ningún otro político tiene la enorme convocatoria que logró en numerosos actos electorales a través del país y que demuestran una cosa, que sigue manteniendo la fidelidad del movimiento MAGA, y aunque los resultados del martes muestren que fue insuficiente, ello se debió a que perdió a quienes le dieron la victoria el año antepasado, entre otros, los hispanos o latinos y los votantes hombres afroamericanos.
En este contexto de un nuevo escenario ¿qué harán los demócratas con el copamiento que han sufrido desde otro partido? ¿Cuál será su plataforma en el Congreso? ¿Lo serán temas socializados en la campaña, tales como aumentar el número de jueces de la Corte Suprema para superar a la actual mayoría de orientación conservadora? ¿Serán legalizados los inmigrantes ilegales? ¿Mantendrán la oposición a los Centros de Datos vitales para la IA? ¿Estatizarán SpaceX de Elon Musk? La verdad es que no sabe, ya que hasta ahora su programa ha sido estar en contra de todo lo que Trump dice o hace, aunque la verdadera oposición a Trump, la única que hasta esta elección logró detener algunas decisiones, habían sido jueces, incluyendo varias veces a la Corte Suprema.
Otra área llena de incertidumbre es la internacional, donde Trump ha impulsado algunos de los mayores cambios que han tenido lugar desde la desaparición de la URSS, con un agregado, que como era un sistema, a diferencia de China, más bien aislado del comercio internacional, algunas de las propuestas de Trump han cuestionado los acuerdos económicos impuestos por el propio EE. UU. después de la segunda guerra mundial. Es el caso de los aranceles, por citar un ejemplo.
Como ello se ha hecho sin consenso y más bien vía órdenes ejecutivas que leyes, la duda es ¿cuánto sobrevivirá de la política exterior de Trump? ¿Cuánto de la Estrategia 2025 de Seguridad Nacional estará vigente el 2028? Mi impresión es que lo de China se mantendrá y poco va a cambiar en lo instalado por Trump, que ambos países no son socios, sino rivales que disputan el sitial de la principal superpotencia. Sin embargo, tengo muchas dudas que el Escudo de las Américas lo haga, aunque en lo formal va a sobrevivir en lo que resta de su periodo, pero no veo que ello continúe si los demócratas ganan el 2028.
A partir de la instalación de la nueva mayoría del Congreso, la duda que se instalará es ¿cuál será el legado?, lo que mucho tiene que ver con que un republicano logre sucederlo en la Casa Blanca, es decir, en la carrera presidencial que se anuncia ¿Vance o Rubio?, ambos claramente presidenciables, con predominio hoy de Vance al ser en jerarquía el vicepresidente y al encargarle Trump la negociación con Irán y haberlo enviado a ser el orador principal en actos electorales en varios estados, aunque sin embargo Rubio aparece como candidato más potente, sobre todo, por su acceso al voto latino, hoy la minoría más numerosa.
Hablamos de ellos dos, porque por ahora no hay pista alguna de quien podría ser el o la demócrata. Y lo exterior nos lleva a la pregunta de ¿qué pasa con las guerras de Irán (rechazada por los demócratas) y Ucrania (apoyada por ellos)? Y es precisamente en este punto que no hay que borrar de la foto a Trump, quien no se va a quedar tranquilo, y hará lo posible para que su legado se materialice en la resolución de estos conflictos, cese del fuego y congelación de la guerra europea y seguridades absolutas que Irán no volverá a intentar la bomba nuclear.
No hay que descontarlo, no hay que despreciar los hechos y la tradición presidencialista de EE. UU. en estas materias, ya que lo que tiene que ver con la política exterior o con las Fuerzas Armadas, ha sido y es resorte presidencial, y lo que el Congreso puede hacer es limitado, ya que, de partida, ningún presidente ha respetado la legislación que después de Vietnam los obligaría a actuar en conjunto con el Congreso. Lo que sí pueden hacer es actuar dentro de sus atribuciones, donde la Cámara de Representantes tiene el poder de negar presupuestos mientras que el Senado puede impedir o retrasar nombramientos.
¿Qué esperar? Que existan consecuencias para el hecho probado en esta elección, que aún en condiciones de extrema polarización, el voto swing, es decir, aquel que a los encuestadores se les dificulta encontrar, la de ese votante independiente, que necesita mucha motivación para emitir sufragio, ya que no lo hace frecuentemente, ese voto que aparece para hacer posible lo que ahora se dio, la alternancia en el poder. Como su existencia se reafirmó, falta saber si también puede hacerse presente otra faceta histórica de la república democrática que es EE. UU., cual lo es el consenso.
Si ello fuera posible, creo que existen varios temas que requieren ley, y, por lo tanto, acuerdo entre ambas formaciones políticas, por lo que, para concluir esta columna, selecciono cuatro que me parecen no solo urgentes sino también imprescindibles, además de necesitar un amplio acuerdo: primero, la inmigración, segundo, la necesidad de tener un mejor sistema electoral, ya que el actual tiene demasiadas insuficiencias, impropias de una superpotencia. El tercero surgió en esta elección debido a un debate público en el que participaron los propios ejecutivos y propietarios de las principales empresas de IA, y que logró una rara presencia conjunta de republicanos y demócratas en las manifestaciones contra los Centros de Datos, además de ser tema de la cumbre entre Trump y Xi Jinping, cual lo es la regulación de la IA, donde un acuerdo entre China y EE. UU. es el camino más corto tal como lo fueron los acuerdos de la Détente entre EE. UU. y la URSS en la Guerra Fría.
Existe un cuarto tema, pero creo que ni demócratas ni republicanos quieren abordarlo, pero que es también necesario al ser impropio de una democracia, cual lo es el rol malsano del dinero en las campañas electorales, toda vez que se acaba de romper el récord de gasto que existía para una elección intermedia, situación que tan mal nombre le da al país, debido a que es verdad que el gasto es tan excesivo que siempre existen elecciones que terminan en verdad siendo compradas, pecado compartido tanto por demócratas como por republicanos.
@israelzipper Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)
Fuente: Netfan Servicios