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CULTURA

03/11/2026

Quino, dibujante argentino: "¿Y qué importan los años? Lo que realmente importa es comprobar que al fin de cuentas la mejor edad de la vida es estar vivo"

Quino, dibujante argentino: "¿Y qué importan los años? Lo que realmente importa es comprobar que al fin de cuentas la mejor edad de la vida es estar vivo"

Fuente: Netfan Servicios

A través de una de las reflexiones más conmovedoras de Mafalda, un recorrido por la filosofía existencial de su autor, el nacimiento de una antología indispensable y la vigencia de un humanismo que se rebela contra el desánimo contemporáneo

Un día cualquiera, en su estudio, a Joaquín Salvador Lavado Tejón, universalmente conocido como Quino, se le ocurrió una idea. La dibujó rápido pero con mucho detalle. Y luego escribió: "¿Y qué importan los años? Lo que realmente importa es comprobar que al fin de cuentas la mejor edad de la vida es estar vivo". Esta frase no es un eslogan de autoayuda; es un dardo existencialista. Para entender su peso, es necesario viajar al sustrato de donde nació y comprender cómo condensa, mejor que ninguna otra, la ética de un autor que usó el dibujo para radiografiar el alma humana.

Si bien la viñeta original formó parte de las publicaciones que Quino hizo entre 1964 y 1973 (pasando por las páginas de El Mundo y Siete Días Ilustrados), la frase cobró una nueva y definitiva dimensión institucional al convertirse en el eje conceptual de La vida según Mafalda, una de las antologías más célebres publicadas por la editorial Lumen. A diferencia de los tomos, La vida según Mafalda agrupa las viñetas por núcleos temáticos: la familia, la escuela, la política, la paz, el consumo, la existencia.

Al desarmar la línea de tiempo original, el libro expuso la columna vertebral del pensamiento de Quino. Demostró que Mafalda no era una simple historieta costumbrista de la clase media argentina, sino un tratado de filosofía en cuadritos. La frase en cuestión fue elegida, precisamente, para coronar la contratapa de ese volumen, funcionando como el gran lema que justifica la mirada del personaje sobre el mundo. Pero ¿cuándo es que Quino escribe esta reflexión? Vayamos a la historia.

La segunda mitad de la década de 1960 y el principio de los 70 estuvieron marcados por la Guerra Fría, la amenaza nuclear, las dictaduras latinoamericanas y la guerra de Vietnam. Era un contexto que empujaba al escepticismo. El mundo adulto parecía empeñado en autodestruirse a fuerza de burocracia, ambición económica y deshumanización. Frente a ese panorama gris, el mendocino introduce la voz de Mafalda no como una ingenuidad infantil, sino como una resistencia intelectual.

Mientras los adultos que la rodean (su padre alienado por el trabajo de oficina, la frivolidad burguesa de Susanita, o el pragmatismo financiero de Manolito) miden el éxito de la existencia en años acumulados, estatus social o cuentas bancarias, la niña de pelo negro sacude el tablero. Desplaza la discusión del "tener" o el "durar" hacia el puro "ser". A pesar de que en sus entrevistas de madurez solía definirse como un pesimista desencantado, su obra entera demuestra un humanismo desesperado.

¿Por qué alguien se pasaría cincuenta años denunciando la injusticia y el absurdo del mundo? ¿Porque odia la vida? ¿No será acaso porque la ama tanto que le duele verla desperdiciada? La frase resume la tensión central del pensamiento de su autor. Para Quino, el paso del tiempo y el envejecimiento biológico eran preocupaciones recurrentes que luego exploraría con mayor crudeza y acidez en sus libros de humor conceptual para adultos, tales como ¡A mí no me grite! o Potentes, prepotentes e impotentes.

Lo que le aterraba era el automatismo, ese proceso invisible por el cual las personas dejan de vivir para pasar a, simplemente, durar. Por eso, decretar que "la mejor edad de la vida es estar vivo" es un acto de rebeldía contra la anestesia cotidiana. Hoy, cuando el algoritmo nos empuja a medir el valor de nuestros días en métricas de productividad y el mercado nos exige una juventud eterna, Quino nos recuerda que estar vivos es un hecho biológico, pero registrar el milagro de estarlo es una conquista filosófica.

Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, nació en Mendoza, Argentina, el 17 de julio de 1932 y falleció en la misma ciudad el 30 de septiembre de 2020. Hijo de inmigrantes españoles, manifestó su vocación por el dibujo desde muy niño, lo que lo llevó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza antes de trasladarse a Buenos Aires en la década de 1950 para probar suerte como humorista gráfico. Tras años de publicaciones en revistas como Leoplán y Rico Tipo, en 1964 dio vida a Mafalda.

Más allá del éxito de su célebre niña contestataria, la genialidad de Quino se desplegó en una vasta obra de humor conceptual para adultos, editada en libros indispensables como Mundo Quino, ¡A mí no me grite!, Gente en su sitio y Potentes, prepotentes e impotentes. Ganó varios reconocimientos internacionales, como la Legión de Honor francesa y el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2014, consolidándolo como el pensador gráfico más influyente de la historia latinoamericana.

Fuente: Netfan Servicios