ECONOMIA
01/10/2026
Los seis casos que IDEA estudió para analizar la economía argentina: las claves para alcanzar la estabilidad
Fuente: Netfan Servicios
Brasil, Perú, Uruguay, México, Israel y Chile atravesaron largos procesos, con costos iniciales sobre actividad y empleo. La comparación de esas experiencias con la situación local y los desafíos pendientes para completar el proceso
Mar del Plata. Enviada especial. ¿Cuánto tiempo necesita un país para dejar atrás décadas de desequilibrios y conseguir una inflación de un dígito? ¿Qué ocurre con la actividad y el empleo durante ese recorrido? ¿Qué herramientas permiten sostener el proceso? Esas preguntas atravesaron uno de los análisis presentados durante este 62° Coloquio de IDEA -que se está desarrollando hasta este viernes en esta ciudad- a partir de la experiencia de seis países que atravesaron programas exitosos y que sirvieron como referencia para observar la trayectoria actual de la Argentina.
Matías Surt, socio de Invecq y profesor de Macroeconomía en UBA, UCEMA y CIAS, presentó los resultados del trabajo realizado durante el año con los directivos de IDEA y repasó las experiencias de Brasil, Perú, Uruguay, México, Israel y Chile. El análisis también consideró los casos de Australia e Irlanda, aunque la comparación central se concentró en los primeros seis países. Arrancó su exposición realizando un intercambio con Alan, un agente creado con la Inteligencia Artificial que le contó al auditorio los casos que habían sido estudiados.
El punto de partida fue una definición concreta: para el estudio, una economía alcanzó la estabilidad macroeconómica cuando consiguió una inflación anual inferior al 10%. Bajo ese criterio, la primera enseñanza fue que los procesos demandaron tiempo.
"La primera lección respecto de los resultados es la paciencia", planteó Surt. Brasil apareció como una excepción: necesitó tres años para conseguir una inflación inferior al 10% anual, aunque luego registró un rebote hasta aproximadamente 15%. El economista explicó que el país partió de una hiperinflación y que esos escenarios pueden permitir una reducción inicial más rápida.
Perú necesitó seis años y medio; Uruguay, ocho años y medio; México e Israel, 13 años; y Chile, 20 años y medio. Este último representó el recorrido más extenso entre las experiencias consideradas.
El tiempo no fue el único elemento común. El análisis identificó costos durante la transición, particularmente sobre la actividad y el mercado laboral, aunque en los casos estudiados esos efectos resultaron transitorios.
Antes de los programas de estabilización, los seis países mostraban en promedio una tasa de crecimiento de apenas 0,5%. Durante el primer año o año y medio de implementación, la actividad registró una contracción promedio de 1,5%. Sin embargo, durante los 15 años posteriores a la estabilización macroeconómica, la tasa promedio de crecimiento del PBI per cápita llegó a 2,8%. "No solo se sale de la recesión inicial, sino que se amplifica muchísimo la tasa de crecimiento previa que el país venía mostrando", señaló Surt, ante un auditorio lleno de empresarios.
Una dinámica similar apareció en el empleo. Antes de los programas, la tasa de desempleo promedio se ubicaba en 6,5%. Durante la estabilización aumentó hasta 9,1%, posteriormente descendió a 7,4% y, si se toma la situación actual de los seis países, el promedio llega a 5,5%.
Surt sintetizó esas experiencias en tres puntos: "Paciencia, lleva tiempo, hay costos, pero los costos son transitorios y no permanentes".
Más allá de los resultados, el estudio buscó identificar las herramientas de política económica que se repitieron. La primera fue la disciplina fiscal. Dos años antes de implementar los programas, el déficit fiscal promedio se acercaba a 10 puntos del PBI. Al momento de lanzar los planes, las cuentas ya se encontraban cerca del equilibrio, que luego se sostuvo sin regresar a los desequilibrios previos.
Otro factor fue la utilización de anclas monetarias o cambiarias creíbles. No todos los países recurrieron al mismo mecanismo ni conservaron un único régimen durante todo el proceso. Israel, por ejemplo, pasó por un tipo de cambio fijo, bandas cambiarias y luego una flotación administrada.
El tercer elemento fue la sostenibilidad externa, medida a través de la cuenta corriente y las reservas internacionales. Algunos países registraron apreciación cambiaria y desequilibrios externos, pero consiguieron financiarlos con capitales de largo plazo, principalmente asociados a inversión extranjera directa.
La acumulación de reservas acompañó ese recorrido. Si se toma como base 100 el comienzo de los programas, las reservas internacionales de los países estudiados más que se cuadruplicaron después de la implementación.
También apareció el respaldo de la comunidad internacional, con participación del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y, en determinados casos, Estados Unidos. A esto se sumó una mayor integración comercial, con crecimiento del intercambio de bienes y servicios.
Finalmente, Surt destacó el papel del consenso político. Mencionó el caso uruguayo, donde el programa comenzó durante el gobierno de Luis Lacalle Herrera y continuó con el de Julio María Sanguinetti, de otro partido político, que además incorporó una reforma previsional.
Después de recorrer las experiencias internacionales, Surt trasladó el análisis al escenario local. Bajo el criterio utilizado en el estudio, la Argentina todavía no alcanzó la estabilidad, porque la inflación anual permanece por encima del 10%.
La exposición mostró que el país pasó de una inflación cercana al 50%, luego al 100% y posteriormente a niveles superiores al 200%. Per luego la tasa descendió hasta 33,5%. "Es un gran éxito parcial hasta el momento haber pasado de casi 300 a 30 o a 33, pero todavía nos falta", señaló.
El economista marcó además que la velocidad de reducción perdió fuerza. "Estamos en la parte más difícil de la inflación", afirmó. Según explicó, desde hace aproximadamente un año cuesta más conseguir nuevas bajas.
Si se cumplen las proyecciones oficiales incluidas en el Presupuesto y la inflación llega al 10% en 2028 y se ubica por debajo de ese nivel en 2029, el proceso demandaría aproximadamente cinco años y medio o seis años. Bajo esa hipótesis, la Argentina se ubicaría entre los países que más rápidamente consiguieron llegar a ese umbral dentro de las experiencias analizadas.
En materia de actividad, el programa comenzó con una contracción durante el cuarto trimestre de 2023. Después llegó una recuperación, aunque Surt indicó que recientemente apareció una pérdida de dinamismo.
"La economía no está cayendo, pero le está costando un poquito más recuperar el dinamismo económico", sostuvo.
El promedio, además, esconde una fuerte heterogeneidad sectorial. Un grupo de sectores se encuentra 18% por encima de los volúmenes de producción de 2023, mientras que otro permanece 8% por debajo.
En el mercado laboral, el desempleo pasó de aproximadamente 6,1% a 7,4%. Para Surt, el deterioro apareció con mayor claridad en la informalidad, que actuó como amortiguador. Entre los asalariados pasó de 36% a 37%, mientras que, al considerar la totalidad del empleo, avanzó de 41% a 43%.
En el frente fiscal, destacó el paso de un déficit primario de 2,7% del PBI y uno total de 4,3% hacia una proyección para 2026 de superávit primario de 1,3% y equilibrio financiero. También señaló reformas estructurales pendientes, entre ellas la previsional y la tributaria.
En materia monetaria, identificó como una de las principales preocupaciones el nivel de las tasas reales. Los créditos personales registran tasas reales superiores al 30% y las tarjetas de crédito se encuentran alrededor del 50%, niveles que consideró anormales para una economía en proceso de estabilización.
También señaló que la confianza en el peso todavía representa un desafío y que la demanda de dólares para ahorro permanece en niveles relativamente elevados.
Otro punto fue la acumulación de reservas. Surt destacó las compras realizadas por el Banco Central durante el primer semestre, aunque marcó un cambio durante la segunda parte del año. "A partir del segundo semestre le está costando un poquito más, como que el Banco Central puso un poco el freno de manos en la compra de dólares para acumulación de reservas", afirmó. Consideró importante sostener la política del primer semestre debido al nivel negativo de reservas netas desde el cual partió el país.
El análisis incluyó además la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y el sistema previsional. Sobre este último punto, Surt planteó que la discusión no debería concentrarse únicamente en la fórmula de movilidad o los bonos. Señaló un desequilibrio cercano a 1,5 puntos del PBI y mencionó entre los temas a abordar la edad de retiro, la relación entre activos y pasivos, los regímenes especiales y las tasas de sustitución y contribución.
Tras la exposición, Claudio Rodríguez, socio director de Sinteplast, puso el foco en el tiempo que demandaron los procesos analizados. "Con paciencia, con tiempo y siendo constantes se puede lograr, se puede llegar al desarrollo y al crecimiento", afirmó.
"Si bien la estabilidad no es la meta, es por lo menos el puente para poder llegar al desarrollo y al crecimiento", sostuvo.
A su turno, Verónica Andreani, directora del Grupo Logístico Andreani, señaló que para consolidar el proceso resulta necesario sostener el orden fiscal y avanzar sobre cuestiones pendientes, entre ellas el desequilibrio del sistema previsional y las distorsiones del sistema tributario. También mencionó la necesidad de seguir acumulando reservas y consolidar la moneda.
Andreani se refirió además a la reforma de la Carta Orgánica y a la independencia del Banco Central. Entre los temas pendientes mencionó el mecanismo de designación de sus autoridades y la previsión para evitar que la entidad vuelva a imponer controles de cambio.
Por su parte, Santiago Nicholson, managing partner de Nicholson y Cano Abogados, puso el foco en las instituciones. "Consolidar la estabilidad macroeconómica es fundamental. Pero como vimos recién y como vimos ayer y en otros paneles también, con eso solo no alcanza", afirmó.
Nicholson planteó la necesidad de contar con un marco institucional estable, reglas claras y continuidad en el tiempo para generar confianza y atraer inversiones. También destacó el papel de una justicia eficiente y transparente que brinde previsibilidad y garantice el respeto a la propiedad privada.
"La seguridad jurídica es fundamental para generar la confianza necesaria para que los empresarios continuemos invirtiendo en el país", sostuvo.
Rodríguez retomó finalmente la cuestión de la continuidad entre administraciones y el caso de Uruguay. "Es muy importante la continuidad en las reglas de juego, la continuidad de un gobierno al otro", señaló. El empresario agregó un cálculo sobre el crecimiento: "Si Argentina creciera al 3% durante 24 años, duplicaríamos nuestro nivel de PBI".
Fuente: Netfan Servicios