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SOCIEDAD

30/09/2026

Dejó la ciudad para vivir en la sierra: construyó su casa con 12 parabrisas, botellas de vidrio y adobe

Dejó la ciudad para vivir en la sierra: construyó su casa con 12 parabrisas, botellas de vidrio y adobe

Fuente: Netfan Servicios

Mariana Di Pascuales tiene 38 años, dejó Rosario y se instaló en Traslasierra, Córdoba, donde levantó una vivienda de bioconstrucción con materiales reciclados en un año y medio de trabajo autogestionado

Dejar la ciudad no siempre implica un destino claro. Para una parte de quienes dan ese paso, el punto de llegada se construye literalmente con las propias manos: con materiales encontrados, reutilizados o rescatados del descarte. La tendencia de abandonar los centros urbanos en busca de entornos rurales o serranos creció de forma sostenida, impulsada por la búsqueda de autonomía, el contacto con la naturaleza y la reducción de los costos de vida. En ese contexto, la bioconstrucción ocupa un lugar central: las técnicas basadas en tierra cruda, adobe, paja, madera y materiales reutilizados tienen siglos de historia, pero ganaron nueva visibilidad frente a la crisis habitacional y la búsqueda de alternativas sustentables.

La figura del autoconstructor ?quien diseña, gestiona y edifica su propia vivienda? es transversal a distintos perfiles: jóvenes sin capital para acceder al mercado inmobiliario, familias que priorizan la autosuficiencia y personas que, después de años de vida urbana, deciden reorientar sus prioridades. En todos los casos, el proceso combina aprendizaje técnico, esfuerzo físico y una reorganización profunda de la vida cotidiana.

La historia de Mariana Di Pascuales, una santafesina de 38 años que hoy vive en las sierras de Córdoba, es una de las más recientes en circular en ese entramado. Ella misma contó su experiencia y recorrió su vivienda ante la cámara del canal de YouTube Crónicas del Cambio, donde describió el proceso de construcción y la vida que eligió en el monte serrano.

La vivienda se compone de dos hexágonos unidos que, vistos desde el aire, dibujan la silueta de un corazón sobre el paisaje serrano. Di Pascuales la levantó en el barrio Los Hornillos, en el valle de Traslasierra, provincia de Córdoba, sobre la cima de una colina con vistas al monte. El proceso demandó un año y medio de trabajo autogestionado.

Los materiales que definen la construcción son, en su mayoría, reciclados o extraídos del entorno natural. La estructura combina barro, paja y madera, y los muros fueron ejecutados con técnicas de bioconstrucción. Como elementos distintivos, aproximadamente 12 parabrisas de autos usados funcionan como ventanales en una de las paredes de barro y permiten el ingreso de luz natural durante todo el día. Además, botellas de vidrio incrustadas en los muros filtran la claridad del amanecer y añaden color al interior.

El diseño también dio prioridad al aprovechamiento del espacio interior: la vivienda incluye un dormitorio suspendido para su hijo León y una cama móvil que se guarda bajo el piso. Para garantizar la autosuficiencia, la casa se abastece de agua proveniente de una vertiente natural y cuenta con un biodigestor casero para el tratamiento de los líquidos.

Di Pascuales recurrió a la minga ?una práctica comunitaria de trabajo colectivo extendida en la región? para avanzar en la construcción. Sin embargo, la experiencia le dejó una enseñanza sobre sus límites: "Cuando convocás a veinte personas y solo vienen dos, entendés que hay que laburar de otra manera. Con eso aprendí a celebrar cada día", en referencia a lo que pudiera lograr en la jornada, independientemente de cuánto fuera, señaló. A mediados del proceso, durante un invierno que describió como duro, decidió pausar la obra durante cuatro meses y alquilar una cabaña vecina para preservar su salud mental y evitar el agotamiento. Retomó los trabajos en la primavera.

El punto de inflexión en la historia de Di Pascuales se remonta a sus 22 años, cuando interrumpió sus estudios universitarios en Rosario, Santa Fe, y comenzó a explorar alternativas a la vida urbana. Una temporada en Uruguay, donde llegó a vivir sin agua corriente ni electricidad, fue el primer ensayo de lo que vendría. "Ahí decidí que mi vida era en ritmo con la naturaleza. La ciudad me agobió, no era donde quería vivir", declaró.

Después de ese período, recorrió la Patagonia en motorhome junto a su hijo. Esa experiencia de vida itinerante consolidó su convicción de que necesitaba un espacio propio, pero pequeño y funcional: "Solo necesitaba un lugar para comer, dormir, un baño y tener algo acogedor", describió. Hace cinco años se instaló de manera definitiva en Traslasierra. Hace tres comenzó la construcción de su vivienda.

Hoy, Di Pascuales trabaja como pintora e instructora de Biodanza. Desde su casa en el monte, promueve la reducción de las exigencias autoimpuestas, la soltura de los mandatos externos y la recuperación de la libertad creativa a través del contacto directo con la tierra.

Di Pascuales no presenta su experiencia como un modelo universal, sino como el resultado de un proceso personal que considera transferible en su espíritu, aunque no necesariamente en sus formas. "Soy una apasionada de la vida. Siento que si hay algo que me llama, que me atrae, que voy", describió.

Sobre el peso de las decisiones cotidianas y la autonomía, reflexionó: "El tema es que podamos recuperar el poder en nosotros, porque si no, siempre hay alguien diciendo qué es lo que tengo que hacer." Y agregó: "Creo que lo importante es poder escucharnos a nosotras mismas, a nosotros mismos y validar lo que estamos sintiendo. Venimos a eso, a crecer y a ser, a hacer lo que somos, no a hacer lo que nos dijeron."

Sobre la construcción de la casa, resaltó que el proceso le exigió aprender a poner límites al propio esfuerzo: "Yo no quiero que esta casita nazca desde el sacrificio... realmente creo que las cosas no se consiguen así", dijo. Actualmente vive en la vivienda junto a León, en la cima de la colina que eligió como base hace cinco años.

Fuente: Netfan Servicios